martes, 10 de mayo de 2016

La Red Internacional de Cuentacuentos


Martín Corona Alarcón


Hará unos 5 años que me llegó al correo la invitación a pertenecer a la Red Internacional de Cuentacuentos. La convocatoria hablaba de un directorio internacional que condensaría a todos aquellos dedicados a contar historias en el mundo. La verdad me sonó muy ambicioso, pero envié mi currículum, un par de fotos y me olvidé del tema.
Meses después llegó a mi bandeja de entrada la confirmación y el link de mi perfil en la RIC. En ese momento no le tomé mucha importancia, pero días más tarde comenzaron a llamarme por teléfono diciendo que requerían de mis servicios como contador de historias en una escuela, un festival o un evento. A la pregunta de dónde se enteró usted siguió: “en la Red Internacional de Cuentacuentos”.
Al igual que yo, miles de cuenteros de habla hispana comenzaron a circular sus invitaciones, propuestas, fotos e ideas alrededor de esta Red. Primero en su página y, después, en el grupo de Facebok del mismo nombre. Esta iniciativo abrió un panorama nunca antes visto en la cuentería internacional: un espacio de coincidencia, un sitio que aglutina, genera y da seguimientos al oficio revivido de los juglares.
Con el tiempo la página se fue nutriendo, pero de eso hablaré más tarde. Por ahora quiero dejar claro que son el escritor Enrique Páez y la cuentacuentos Beatriz Montero los creadores, directores y administradores de esta gran idea. Y lo hacen por su compromiso con la palabra, con la literatura y sus expresiones, ya que la Red no cobra un solo centavo por pertenecer, además se ha convertido en el referente inevitable del género en habla hispana.
Enrique Páez es un escritor español que durante muchos años fue catedrático y fundador de la escuela de escritura creativa. Ha publicado novelas para jóvenes y cuentos para niños y, destaca sin duda, un manual de escritura creativa que SM España tiene en su catálogo. A su vez, Beatriz Montero es una hermosa y activa cuentacuentos quien actualmente ocupa los primeros lugares de visitas en su canal de Youtube. Sus libros para prepararse como cuenta cuentos son una referencia infaltable para el mundo de habla hispana.
Ellos, al igual que la gran mayoría de cuenta cuentos a lo largo del mundo, viven de su labor cotidiana trabajando a favor de la cultura, sea como escritores, cuenta cuentos, promotores e investigadores. No tienen un puesto en ninguna institución, sino que van generándose el trabajo como gestores, promotores, vendedores y creativos de su labor.
Esta pareja de cómplices ha transformado mucho del antiguo panorama de la cuentería, ya que gracias a sus aportes tanto en las redes sociales como en la literatura especializada los cuentacuentos en la actualidad tienen abiertas muchas puertas para ejercer el oficio.
Quedaron atrás las épocas en que contar cuentos era un arte de unos cuantos iniciados, en que los secretos se guardaban celosamente, ahora los secretos están al alcance de quien guste buscarlos. No en balde el libro de Beatriz se llama así: Los Secretos del Cuentacuentos.
Y volvamos a la Red Internacional de Cuentacuentos que, además de ser el más importante directorio de narradores orales, cuenteros, juglares, charlatanes y demás fauna oral, ha incluido en su página apartados teóricos, bibliografía, directorio de festivales, noticias y un montón de herramientas para quienes ejercemos el oficio de compartir historias.
Quiero destacar que hace unos años convocaron al concurso: “Cuento en corto”, una maravillosa idea para compartir maneras de contar historias desde diferentes latitudes. Así fuimos cientos de cuenteros que presentamos nuestro trabajo mediante un breve video subido a youtube. La cantidad y diversidad de ejemplos es maravillosa, desde cuentos tradicionales contados a la vieja usanza hasta las técnicas más modernas de edición y grabación, sin olvidar la música, los malabares y los experimentos escénicos.
Es fácil llegar a estos documentos, bastará con buscar en la red “cuento en corto” para dar con ello.
Honor a quien lo merece, así que estas líneas son para agradecerle a Enrique Páez y Beatriz Montero su entrega, su andar incansable por festivales del mundo entero, sus ganas de hacer lo que aman y de generar esta gran movida que es hoy la Red Internacional de Cuentacuentos.
En días pasados estuvieron visitando México y nuestra familia juglar tuvo oportunidad de platicar y compartir un poco con estos singulares juglares contemporáneos. Esto quedó registrado ya en los canales de Youtube tanto de Beatriz Montero como de un servidor. Así que no lo duden, busquen más y más historias que nuestros amigos saben que abrir el mundo a la diversidad de historias y cuenta cuentos es darle la posibilidad a la humanidad de seguir creando y creándose.




Cholula, Pue. Miércoles 30 de marzo 2016


Del mecenazgo a las nuevas artes

Martín Corona Alarcón

Si algo caracteriza  a los proyectos culturales auspiciados y creados por los gobiernos es su ser efímeros. Cada sexenio o cuatrienio inventa nuevamente, sea sobre la base de otro o por “idea original”, un festival o feria que anuncia el primer año con bombo y platillo para, a su salida, dejarlo prácticamente en la ruina y sin posibilidades de seguimiento alguno.
Muchas veces como maneras de bajar recursos, otras como propaganda política, pero lamentablemente la mayoría de las ocasiones con poca experiencia, con muchas ganas y al final nada. Al salir del poder los emprendedores o promotores del asunto, el festival se va para siempre, ya que no hay dinero para hacerlo más.
En días pasados la prensa dejó clara la ruina de un gran festival como Cumbre Tajín que llegó a traer figuras de talla internacional como Biörk o Carlos Santana, el cual por falta del apoyo del gobierno primero se redujo en días y, después, también en su cartelera y alcances.
A quienes trabajamos continuamente para este tipo de eventos es claro que son casi nulas las iniciativas culturales y artísticas que busquen sostenerse por sí mismas. Lamentablemente la cultura en nuestro país se ha convertido al paso de los años en un pretexto perfecto para inversión a fondo perdido, sin una verdadera planificación a largo plazo, sin evaluación del impacto y, sobre todo, sin una búsqueda de ser vigentes con el momento histórico.
Si acudimos a la historia sabremos que en el Renacimiento fueron las cortes, los reyes y sus allegados ricos, quienes albergaron a las artes como forma de prodigarse un halo de poder (más allá que el mero y sucio dinero) y por ello servían como mecenas a pintores, escritores y demás.
Incluso en la Edad Media, los juglares viejos y digamos consagrados por el gusto de la gente eran contratados por los reyes para su promoción, de manera que pudieran poseer bienes a cambio de su aporte a la fama y lucimiento del rey.
En la actualidad no parece haber cambiado mucho el asunto, lamentablemente. Sin embargo, acudimos a un panorama novedoso cuando los gobiernos ya no tienen recurso que aportar directamente a la cultura, cuando los gobiernos claramente se endeudan y lo primero que sufre recortes es la cultura. Lo vemos en el desmantelamiento de bibliotecas, museos, festivales y proyectos no sólo en el país sino en todo el mundo. Hablamos de políticas macro económicas dictadas muy por arriba de los intereses de los gobiernos.
Sin embargo, los implicados en la cultura perdemos de vista un asunto sumamente importante, vivimos en un capitalismo atroz en el cual sólo es visible aquello que genera recurso, que se vende y se compra. No tenemos más lectores, sino compradores de libros. No tenemos más espectadores, sino público. No tenemos más intelectuales, sino opinadores efímeros de redes sociales. No aspiramos a crear la perfección, sino un top de ventas que se vuelva mainstream lo antes posible.
En ese contexto desolador para la visión tradicional de las artes casi toda la gente pierde de vista la oportunidad que genera. Sí, en todo este absurdo para las artes, en que la idea romántica de alimentar el espíritu se ha convertido en ver quién vende más hay una posibilidad.
Partamos de una idea que nadie se atreve a mencionar, pero es necesario comenzar a poner en la mesa: las artes tradicionales ya son vigentes, le aburren a la gente que no está iniciada, preparada o dispuesta a ellas. Claro que siempre ha sido así, pero actualmente comienzan a ser aburridas incluso para los propios iniciados, ya que el bombardeo de pantallas es tal que siempre queda la comparación en la que ya sabemos quién pierde.
¿Cuál entonces es la oportunidad?
Simplemente la de re significar las artes, la de crear nuevas maneras de gustarle a la gente de ahora. Sea con o sin pantallas, con millones de dólares o sin un centavo, pero partir de lo que gusta aún de las artes viejas para construir sobre ellas, parafraseando a Schowb en El Libro de Monelle.
No sólo necesario sino indispensable comenzar esa labor creativa, no hablo de abandonar los conocimientos académicos sino de utilizarlos a favor de la creación y no de un sistema inoperante y absurdo.
La labor está delante, dejar atrás los mecenazgos y enfrentar la búsqueda de públicos que gustosos paguen las nuevas artes. Una conquista monumental, pero no imposible. Hacer que las artes estén a la misma altura de cualquier otro bien o servicio.
Si la cultura es capaz de hacernos creer que es necesario traer barba, depilarse, tatuarse, poseer un teléfono, pagar cuentas por ver o escuchar contenidos mediante las pantallas, por qué no hemos sido capaces los creadores de posicionar a las artes a ese mismo nivel.
El reto está lanzado y, de no tomarse, veremos con tristeza en unos años cómo las que otrora se llamaron las Bellas Artes se quedan hermosas e intocables en los museos.




5 puntos para acercarse a las Ferias del Libro



Martín Corona Alarcón

Cuando alguien hace algo y no le sale muy bien suele decir que está “dominando el arte de”. Es mi caso, ya que estoy dominando el arte de la columna. Aunque trabajo mucho en no usarla para exponer las problemáticas comunes a los ámbitos “culturales” y los presupuestos para las artes, eso siempre funciona. De hecho, es lo que se espera de una columna: entrar al golpeteo político y mediático.
Y en ese juego de dominar el arte, debo aclarar que no tiene en realidad ningún arte, no en sí escribir una columna pero sí en hacerla atractiva, divertida y amable pese a no incurrir en el escándalo. Así que no hablaré por ahora de las instituciones culturales dirigidas por vivales que sólo buscan abusar de los creadores, ni tampoco de las buenas voluntades de asociaciones y fundaciones cuyo presupuesto en un 80% es para operar y, a veces con suerte, el otro 20% para cumplir el cometido que tanto difunde.
Y en este juego de hablar de cosas importantes sin incurrir en el escándalo o el juego ese de la piñata (que consiste en pegar durísimo con la izquierda y tomar los dulces que caen con la derecha), hablaré hoy de las Ferias del Libro.
Y para ello usaré los 5 puntos que debes tomar en cuenta para acercarte, conocer y ser parte de una Feria del Libro. No importa si es Nacional, Internacional, Escolar o de tu delegación, barrio o colonia.

Punto 1: hartos y diversos libros

Las Ferias del Libro o de la Lectura son espacios que aglomeran la mayor cantidad posible de libros diversos, sea mediante muchos libreros (vendedores de libro como librerías y distribuidores) o sea por medio de las propias editoriales. Así que lo que hallarás en una feria del libro o la lectura serán: libros.
¿Por qué hacer una feria para objetos que están siempre en las librerías? Porque mediante estos eventos la gente tiene posibilidades de conocer diversas ediciones, editores y novedades; además de haberse convertido desde hace algunos años en un evento maravilloso para la difusión del objeto libro. Sí, ya sé que hasta hace unos 5 años eran poquísimas las ferias del libro, además exclusivas y hasta elitistas, pero esto cambió hace algunos años. ¿Por qué? Porque a nivel mundial los índices de lectura de un mercado como México (perdón donde dice “mercado” debe decir “grupo de consumidores”) eran muy bajos, así que a nivel mundial se invirtió en fomentar y elevar los niveles de lectura de los mexicanos. ¿Recuerdan aquel glorioso 2012 año de la lectura? Bueno, fue una movida internacional que, para fortuna del mundo del libro, va logrando buenos resultados.

Punto 2: para toda la familia
Sí, ya sé que la mayoría cree que la cultura es obligatoriamente aburrida. Y también estoy muy consciente que aburrida ha sido hasta ahora, porque la auto proclamada alta cultura fue durante mucho tiempo un filtro que evitaba a las clases bajas y poco preparadas entender, comprender y tener acceso a la información e ideas de las clases altas o privilegiadas, el abolengo, el roce social y todos esos estándares decimonónicos.
Sin embargo, a partir de la segunda mitad del siglo XX esos códigos refinados y complejos quedaron casi en des huso a cambio de lo Pop, de lo popular. Para nadie es novedad que se privilegia lo que gusta al público, lo que agrada a la gente por sobre lo que debiera ser o ha sido correcto.
De ese modo una feria del libro o la lectura siempre tendrá un corte familiar, espacios para compartir con lo más pequeños y, sobre todo, espectáculos, conciertos y hasta presentaciones cuyos contenidos no sean para adultos. Claro que no falta el organizador descuidado que deja pasar alguno que otro evento subido de tono sin avisar, pero por fortuna son los menos


Punto 3: espacios para niños

Si algo es maravilloso de las ferias actuales son sus carteleras infantiles. Aquellas que buscan llevar grupos de música diferente y amena, de contenido y letras que dan mensajes positivos. Los cuenta cuentos y las obras de teatro dedicadas a la infancia, los talleres diversos e imaginativos, una variedad de actividades formativas relacionadas directa o indirectamente con el libro.
Claro que no todas las ferias tienen esta visión, muchas se conforman con crear una programación que se repite diariamente o, peor aún, plagada de “espacios para lectura” o “lectura libre” o “maratón de lectura” que no sólo ahuyenta a la gente, sino que habla del poco interés que tienen en abrir sus espacios a más tendencias, maneras y promotores de la lectura.

Punto 4: paseo familiar
Las feria del libro son un paseo maravilloso para las familias, para los amigos y las parejas. Hace años, cuando trabajé en una librería supe que la gente acude a los espacios culturales relacionados con el libro siempre buscando algo, a veces son libros. Además nos permite mirarnos a los ojos, encontrar nuevas maneras de entretenimiento, formación y lo más importante: experiencias que se volverán historias que nos reunirán nuevamente.
Sin duda ir a pasar el rato a una feria del libro es una experiencia fascinante en familia, con amigos y hasta con la novia o novio en turno.


Punto 5: son Gratis
Y el más importante de todos es que son gratuitas. Y ojalá sigan siendo así, hasta hace poco tiempo los gobiernos tenían un presupuesto para estas actividades, sin embargo, como pasa en otros muchos rubros de la misma cultura, cada vez hay menos dinero para estas. Por ello será de suma importancia la inversión de la iniciativa privada y la vinculación de muchos actores diversos en la realización de estos eventos. Sin dejar nunca de lado, la clara rendición de cuentas y una inteligente evaluación de su impacto, para que las ferias del libro son sean sólo una moda pasajera, sino que sigan siendo la plataforma ideal para mejorar la manera de acercarnos a las artes y la cultura como niños y familias.


Mérida, Yucatán. 16 de marzo de 2016