viernes, 30 de agosto de 2019

Diario Negro de Buenos Aires de Buenos Aires

Una reseña por Martín Corona Alarcón publicada en la columna #AndardeJuglar en Periódico El Popular de Puebla.

No voy a decir nada material, 
es sólo que tengo una sensación 
de angustia mi amor. 
Porque me voy a ir de la ciudad, 
que es mi ciudad…
Santiago Behm

Corrían los 90 cuando algunos exponentes del Rock Mexicano comenzaron a convertirse en Rock en tu Idioma, cuando los productores que en Argentina posicionaron al género como el sonido de la nación comenzaron lentamente a meterse en el mercado sonoro dominado por las baladas asquerosas que impuso televisa. Los discos de nuevas bandas llegaban a esos extintos espacios de felicidad: las tiendas de discos, pero los empleados nunca supieron dónde colocarlos, pues no existía una categoría para ellos. Así que había que surfear entre los más extraños acetatos y cassettes para encontrar la aguja en el pajar.

En esas encontré al Juguete Rabioso, una banda inclasificable. No entendías si eran chicos sudamericanos tocando en México o mexicanos muy influenciados por el Rock Nacional del país del sur. Pero sus letras eran maravillosas y potentes, tuvieron un sencillo que sonó en la radio y de pronto desaparecieron. Al igual que muchos grupos de aquella época que, después del boom del Rock en tu Idioma se les retiró el contrato y, como buena industria mainstream, las discográficas se dedicaron a invertir sólo en un par de grupos a los que les vieron más negocio. Sin embargo, su Canción de Ciudad, escrita por Santiago Behm bajista de la banda,se me quedó tatuada en el corazón; la potencia de la interpretación y mis ansias juveniles por dejar el terruño la colocaron en el soundtrack de mi vida.

Muchos años más tarde, el gran amigo Luis Martínez del grupo Bandula publicó que estaba tocando en el regreso de aquella legendaria banda. No dudé ni un momento en rastrear en redes sociales y dar con el vocalista y autor de muchas de sus canciones: Federico Bonasso. Ahí me “cayó la ficha”, nacido en aquella Argentina que da mucho pudor recordar, hijo de la generación que vivió la angustia y el horror del destierro, el miedo cotidiano y la muerte. Llegó a México en la adolescencia y estas latitudes lo acogieron como su país.

Entendí entonces las letras y la música del Juguete Rabioso, sus referencias literarias y esa nostalgia con olor a húmedad del Río de la Plata. El ser de un sitio y vivir en otro, la saudade por una ciudad que no existe más, el deseo de volver a un espacio del ayer, recogiendo pasos que ni siquiera hemos dado nosotros mismos.
Apenas hace un par de días, en Facebook me apareció la portada de Diario negro de Buenos Aires en el muro de Federico y fui a comprarlo. La colección que lo publica Reservoir Books me recordó aquellos años 90 en que sus páginas trajeron a México una literatura ultra violenta y gore que marcó generación.

Y comencé a leer sin poder parar. Una novela ágil y honesta desde la voz de un argen-mex que mezcla con honestidad algún que otro pedazo de lunfardo aderazado con la chingadera mexicana. Una confesión y pequeñas anécdotas que van de lo gracioso y burdo que puede resultar enfrentar las costumbres de un pueblo, hasta lo grotesco del racismo y el sinsentido racional de las búsquedas esotéricas para mostrarnos un mapa íntimo de la nostalgia del desarraigo.

Federico (el alter del autor) nos cuenta que, desde pequeño, eso que llamamos el “yo mismo” estuvo sometido al cambio constante: En el encierro recibíamos entrenamiento también: estudiábamos el mapa de un pasado nuevo que ellos habían inventado por si alguna vez nos enfrentábamos a un interrogatorio. O porque íbamos a salir del país otra vez. Sin embargo, este diario negro nos muestra la búsqueda de quien anhela volver a ser, pero se enfrenta a un laberinto de habitaciones oscuras, perros y cadáveres.

El narrador, ese joven que los 30 ha pasado la mitad de su vida huyendo y la otra en el exilio, se auto define en ese franco pesimismo de héroe tanguero:

¿Y qué haces vos, che?
Hice canciones.
¿Hiciste? ¿Ya hora no hacés más?
Sonreí.
Creo que lo único que valía la pena eran las letras —contesté—. Guardé las letras para ver qué puedo hacer con ellas.

El rompecabezas de metáforas ocultas en cada pequeña anécdota queda fijo en la emoción oscura que nos ofrece ste diario, dejándole al lector que busque las piezas en las referencias a la obra de su autor: las canciones, las películas y, sin duda, los próximos libros que nos ofrecerá.

Aquí no está la crónica detallada del desarraigo, la lágrima fácil de quien retorna a Ítaca cuando ya ha sido derruida y sobre ella construyeron un mini súper atendido por chinos. En las páginas de Diario negro de Buenos Aires está la velocidad narrativa de un escritor de los 90, la potencia violenta de un ojo crítico que se sabe dentro de su propio laberinto y, sobre todo, la apuesta de crear un monstruo de retazos que, sólo al verse completo, cobra sentido.
El lector hábil encontrará una escritura vigente y poderosa, no sólo el registro de la voz de un hijo del exilio, sino la re interpretación de quien decidió transformar la ciudad que habita, pero no aquella construida de edificios, casas y habitaciones; sino la ciudad interior de pequeñas historias que se entrelazan, se comunican o, simplemente, van como islas en el gran viaje de la existencia.

Diario negro de Buenos Aires es una novela que agradecemos con cariño quienes amamos el sur, quienes sobrevivimos a tanto caos de las bromas pesadas que nos sigue jugando la historia en nuestra Latinoamérica tan viva e inasible.


miércoles, 21 de agosto de 2019

El Misterioso Asesinato del Doctor Thallomius

Este texto apareció en Diario El Popular de Puebla el jueves 15 de agosto de 2019
#AndardeJuglar

Una reseña de Martín Corona Alarcón

Me encanta cuando las novelas para jóvenes logran crear un mundo único, cuando puedo entrar en la puerta de esa casa o mirar con calma por una ventana y logró sentir el bosque y su frialdad. Eso, justo eso, me regaló “El misterioso asesinato del Doctor Thallomius”. Cuando comencé a leerla supe que era un viaje del que llegaría al final con una sonrisa, pero fue hasta recorrer la mayor parte del camino que sentí una gran sorpresa.
Nicki Thornton nos ofrece una novela donde se mezclan ingredientes que fascinan a casi todos los chicos de la actualidad: magia, misterio, acción y la lucha constante entre la tradición y las nuevas maneras de asir la realidad. En ella podemos conocer a Seth y quererlo montones por su calidad humana y su espíritu de servicio. Las acciones se desatan cuando le avisan que en el hotel donde él es un empleado (bueno, es casi un esclavo) se realizará una reunión muy especial, que resulta extraordinaria y desata las aventuras.
No adelanto nada si les cuento que el centro de la novela es un asesinato, el título español lo expone con claridad. Hago la aclaración porque en su título en inglés la novela se llama: “El hotel última oportunidad”. En sus páginas, a la manera de las novelas de misterio clásicas el eje será descubrir al autor del crimen, sin embargo la aparición de la magia y descubrir el universo que rodea al protagonista será sin duda un aporte esencial.
Me gusta mucho cómo la autora logra plasmar las relaciones de poder entre la chica, hija de los dueños, y el joven héroe con sus valores de amabilidad y cordialidad. Bajo esta manera de relación que ya queremos erradicar de nuestro mundo y lo mejor es que en el libro esos modos quedan anulados, del modo como quisiéramos pasara en la realidad.
Otro aspecto que me encantó fue la visión de “la magia”, porque en “El misterioso asesinato de Doctor Thallomius” una de las ideas centrales es el conflicto entre la tradición y la apertura a lo nuevo. En el universo que plantea la novela la magia es un secreto guardado por unos cuantos, que jamás debe abrirse a extraños, a gente diversa y, mucho menos, a cualquier persona. Esto conserva una estructura cerrada, pero los nuevos tiempos les piden abrir y generar otros vínculos con el mundo externo, sin duda esta idea es la que más me gusta porque en cierta medida es una lucha que muestra pulsos del mundo actual.
Otro aspecto fascinante es que, como las series de la actualidad, se cuenta completa la historia, no deja cabo suelto de todos los misterios que planteó a lo largo de sus casi trescientas páginas; sin embargo, la riqueza de sus personajes y atmósferas permite que se pueda convertir en un universo mucho más amplio, es por ello que no dudo que su autora escriba secuelas o precuelas de “El misterioso asesinato del Doctor Tallomius”.
Cierro esta reseña citando una parte del libro que, me parece, muestra una manera vigente y acorde a nuestros tiempos:
“La magia es complicada (…) Es un poco como cocinar, (…) Algunos siguen una receta con exactitud y aun así no funciona. Unos creen que es porque necesitas nacer con una chispa de algo, alguna habilidad natural. Y sea cuál sea tu habilidad mágica esta puede variar. Pero perfeccionar incluso la magia más sencilla puede tomar meses de estudio y práctica. La magia es, en su mayoría, un arduo trabajo.”
Este libro está ahora mismo en todas las librerías, editado en México bajo el sello Planeta Junior y con versión en e-book desde el sitio planetadelibros.com.mx

martes, 2 de abril de 2019

Aniversario 100 de Roald Dahl

En días pasados celebramos a nivel mundial los cien años del natalicio de Roald Dahl, un gran escritor del siglo XX que logró crear un modelo de escritura para niños que sigue vigente en lo que ahora llamamos la Literatura Infantil y Juvenil. Si bien Dahl nació en Inglaterra, fue en Estados Unidos donde hizo su carrera como escritor después de haber combatido en la guerra, de ser piloto bombardero y, cuentan algunas fuentes no confirmadas, haber actuado como agente doble Inglaterra-Rusia.
Quizá el nombre de este autor no les diga nada, pero seguro que conocen alguna de las siguientes películas: Charlie y la fábrica de chocolates, Jim y el melocotón gigante, Las Brujas o, la más reciente, Mi amigo el gigante. Su vida literaria estuvo cercana al cine desde sus inicios, como lo cuenta la leyenda del inicio de su escritura.
Durante la guerra cayó su avión de manera muy violenta, estuvo a unto de perder la vida y sin poder ver durante varias semanas. Al salir de ese trance decidió usar una idea muy común entre los soldados: culpar a un gremlin de su accidente. Los soldados jugueteaban con la idea de unos pequeños duendes que destruían sus aviones y eran los verdaderos responsables de los “accidentes” aéreos.
Así que Dahl le dio forma a ese mito de guerra. Creó entonces una novela para niños donde un duende se hace amigo de un piloto y juntos pelean contra los nazis. La misma leyenda cuenta que una vez terminado el manuscrito fue leído por un oficial que tenía conexiones con Walt Disney, una empresa naciente que recibiría con mucho gusto el original. Así fue y comenzaron los preparativos para crear una caricatura basada en la novela The Gremlins. Lamentablemente nunca se logró, dicen que por problemas de derechos. Lo cierto es que años después la idea de los “gremlins” se popularizó bajo el cobijo de la Warner Brothers, con los simpáticos monstruos que de tiernos y abrazables se transforman en demoniacos y demenciales.
Sin embargo, esta historia sólo fue el comienzo de una prolífica carrera literaria. Roald Dahl se convirtió en un gran escritor para niños, creador de novelas, cuentos, canciones y rimas que revolucionaron la manera de escribir para ese público. Si bien sus novelas parten de ciertos canones inamovibles de la época (algunos siguen vigentes hasta ahora como “el protagonista huérfano”), proporcionan muchas otras maneras de ver las cosas “de la infancia”.
Por ejemplo, nos presenta unas brujas capaces de desaparecer a los niños, un cocodrilo que come y cena niños y niñas, unos padres vulgares y tontos preocupados sólo por tener más dinero y otros muchos excesos del mundo real. Además, sus texto están cargados de humor negro, de ironía y, sobre todo, de referencias. Usando la metáfora como manera de decir muchísimas cosas bajo la apariencia de simpleza o inocencia.
Un ejemplo claro es su cuento en verso: el cerdo, que abre el libro: “Qué asco de bichos”. En el cual habla de un cerdo inglés que se hace consciente de que será convertido en comida para humanos. A diferencia de una anécdota de reconciliación o amistad, Dahl nos muestra cómo el cochino engulle al granjero, simplemente “le gana la mano”.
No es de extrañarse el discurso sobre el sentido de la vida, similar al de  Hamlet del proveedor de jamón y la clara referencia a un pueblo que durante los siglos XVIII, XIX y XX se convirtió en quien “gana la mano” en el mundo mediante ingenio, industria y mucha astucia.
Dahl es sin duda un clásico del siglo XX, sus novelas fueron y siguen siendo maravillosos espacios de empoderamiento de los niños. Mientras sus crónicas nos muestran algo importantísimo para todos: cómo fue el mundo en otros momentos. Sus rimas son divertidas y ácidas, retratan maneras nuevas de personajes clásicos y todo este conjunto hacen de Dahl un imprescindible en cualquier biblioteca.
La combinación perfecta en sus libros la completan las ilustraciones de Quentin Blake, un ilustrador que innovó en el estilo de hacer plástica para niños, ya que al igual que Dahl su estilo no está basado en la belleza cursi y almibarada, sino en la energía en el trazo, en la fuerza de la imagen más que en un derroche técnico.

Ambos, Dahl y Blake, tienen libros por separado pero sin duda los que han hecho juntos marcaron la literatura y abrieron una brecha para lo que hoy entendemos como Literatura Infantil y Juvenil.

miércoles, 4 de abril de 2018

Entrevista vía messenger del Facebook

Mi nombre es Yazmin Molina Salas de la Universidad Pedagógica Nacional Sede REgional Tultepec... es un honor poder realizarle la siguiente entrevista Sr. Martín Corona Alarcón (especialista en cuentacuentos)


1. ¿Qué es un cuentacuentos?
Martín Corona (MC): En esencia, todos los humanos somos cuenta cuentos, porque todo el tiempo nos estamos contando historias a nosotros mismos y al resto. Cuando hablamos de la identidad del individuo, de la cultura, de la mayoría de las áreas del comportamiento humano hablamos de cuentos, de historias, de ficciones que somos capaces de recrear en la realidad para transformar nuestro entorno.
En los últimos años surgió el oficio de “cuenta cuentos”, algunas veces tomado desde la técnica actoral de la “narración oral”, otras desde el mero asunto de la lectura en voz alta, lo cierto es que hoy en México los Cuenta Cuentos surgen por doquier y de las maneras más diversas. Siendo un quehacer tan nuevo, carece por fortuna de reglas y sistemas definidos, de manera que en mi opinión hay tantos tipos de cuentacuentos como personas dedicadas a ello.
En resumen, un cuenta cuentos es alguien dedicado a compartir de forma oral historias diversas.

2. ¿Qué criterios y/o aspectos debe considerar un cuentacuentos al momento de narrar una historia?
MC: Dependerá mucho del tipo de cuentacuentos, pero lo más importante será lograr que la historia se entienda a la perfección, que sea un trayecto disfrutable para el escucha o espectador. En el tipo de trabajo que hago busco recuperar diferentes herramientas del Juglar Medieval, por ello uso toda clase de objetos, técnicas y juegos para no perder la atención del espectador–oyente en ningún momento.

3. ¿Qué impacto tiene el escuchar narraciones de cuentos?
MC: Escuchar una historia nueva es abrir posibilidades, las historias son vehículos de ideas que al caer en la cabeza de las personas pueden cambiar su manera de percibir el mundo e, inclusive, llegan a generar nuevos esquemas y maneras de pensamiento. Porque, dicen por ahí: los cuentos dicen sin decir y enseñan sin enseñar.

4. ¿La intervención de un cuentacuentos fortalece el desarrollo de la Comprensión Lectora?
MC: Dependerá de qué cuentacuentos. Muchos cuenta cuentos provienen del teatro y no buscan que la literatura o el libro genere un vínculo con la gente, de manera que el espectador se llevará la idea del vestuario o la actuación, pero no de la fuente: el libro.
Respecto de la “comprensión” de un texto como tal, un buen cuentacuentos debe –antes de presentar su trabajo ante un grupo–hacer un profundo análisis de aquello que está compartiendo, de manera que su vocalidad, su corporalidad y el hecho de contarlo en sí sea una forma de comprenderlo. De ese modo estará mostrando en la praxis un ejercicio de comprensión lectora que los chicos pueden emular con facilidad.

5. ¿En qué consiste la labor pedagógica del Cuentacuentos en el ámbito escolar? (o dentro de un salón de clases)

MC: Cuenta cuentos para mí no es sólo un rubro o un tipo de intervención, sino una herramienta. De manera que todo maestro debiera ser, en mayor o menor medida, un cuenta cuentos. Todos los maestros debieran leer en voz alta para despertar el interés de sus alumnos, al mismo tiempo que ejercitar en público esa habilidad.
Partiendo de la importancia de la lecto escritura como herramienta base del aprendizaje escolarizado, el cuenta cuentos como promotor de la lectura, ejecutor cotidiano de la comprensión lectura, la traducción de conceptos y facilitador de aprendizajes subjetivos podría fácilmente convertirse en un eje rector para diversas materias.


Compartiendo historias en Agua Blanca, Oaxaca. Enero, 2018.

martes, 10 de mayo de 2016

Narrar o no narrar


 Martín Corona Alarcón


Con el término Narración Oral se ha definido a los cuentacuentos basados en la palabra, a quienes cuentan una historia de manera artificiosa para gusto de un público. Diciendo oral los diferenciamos de los narradores literarios, del autor de novelas, cuentos e historias. En general es el narrador oral quien se nutre del escritor, buena parte del trabajo de narrador es traducir el escrito literario en un discurso oral capaz de ser atractivo y ameno para el público.
Es curioso este juego de los tiempos, ya que en la antigüedad y en culturas que carecían de escritura todo era justo al revés: lo oral alimentó a lo escrito. ¿Por qué el momento de la historia con más lectores en el mundo resurge la oralidad como forma de arte?
Más que re surgir, lo que ocurre es que siempre está ahí la oralidad. Los humanos necesitamos de la voz para seguir siéndolo; es decir que aquellas personas formadas en la actualidad por la tele, la radio, el internet, el cine y demás formas de comunicación carecen de esa voz humana y la  buscan. Así que cuando me preguntan por qué los niños de ahora gustan tanto de los cuentos, la respuesta es porque los niños desde siempre gustan de la voz humana, de los cuentos contados por un adulto; sólo que ahora su familia no está pendiente de eso, le dejan esa labor a las pantallas.
Quizá por eso es que actualmente contar cuentos se ha convertido en un estilo de escena, en una forma de comunicar y hasta en una forma de vida para quienes ganamos dinero de ello. Sin embargo, hay que ser claros en algo: narrar de forma escénica no es lo mismo que hacerlo en casa. Si bien el espectáculo de cuenta cuentos nos puede acercara a la oralidad no lo es en esencia, de modo que aquellos que gusten de ver cuentacuentos deben saber que llevar a sus hijos no termina la tarea, sólo la inicia.
Por otra parte, la labor del cuenta cuentos escénico en la actualidad es muy variada. Hay cuenteros de todo tipo y con todo tipo de formación y de carencia formativa. Hay quienes tomaron talleres con las “vacas sagradas” e imitan a pie juntillas lo aprendido, hay quienes iniciaron por la suya tomando elementos de aquí y de allá, hay quienes han leído y se han preparado intelectualmente y, lamentablemente, también hay otros que sólo lo ven como una forma de ganar dinero.
Sin embargo, a diferencia de otras labores, al exponerse tanto el narrador oral ante el público, resulta muy fácil descubrir quién miente, quién no sabe o no se prepara. Un payaso de parque o fiesta tiene una máscara, no sabes quién es, no mira a los ojos y es ruidoso y hasta molesto. Un actor tiene cuarta pared y sabemos que está haciendo a un personaje, que no es él mismo; lo mismo para con los personajes de la tele. Y en el caso de los cirqueros ocurre algo similar, su trabajo es mostrar destrezas y sorprender. En cambio el cuenta cuentos expone parte de su ser en su afán de comunicar una historia.
Y si su ser es amable sus cuentos lo serán, si es violento y tremebundo de ello se contagiará su trabajo, aquí hay pocas mediaciones. Quizá por ello los cuenteros más experimentados son gente sencilla y amable, de buen trato y respetuosa de su público.
Un cuenta cuentos trabajará con toda clase de gente, irá a sitios muy diversos donde se sorprenderá de que aquello que creyó le serviría fracasa, mientras que esa misma sorpresa expuesta con honestidad lo llevará a siempre lograr su labor: comunicar algo diverso, diverso y entrañable para él y para el escucha.
A la manera de los juglares, muchos cuenteros en la actualidad vamos por nuestras regiones cotidianamente, por estados vecinos, pueblos, rancherías y hasta ciudades; sin despreciar nunca foro alguno. Contando historias en parques, jardines, plazas, escuelas, hospitales, salones de clases, bibliotecas, cárceles, fiestas y todo sitio donde haga falta una palabra.

Obvio, como en todo oficio los hay inteligentes y capaces como embusteros y mediocres, pero es sólo parte de una labor humana en esencia; tan humana que quizá el primer cuento que se contó en el mundo fue el de unos monos que no lo eran, tan bueno resulto que aquí estamos creyendo que no los somos.

María Laura Vázquez, Luis Bravo y Tupac.

La urgencia de nuevos libros

Martín Corona Alarcón

El libro es el día de hoy el depositario de más de dos mil años de civilización, de eso no nos queda duda alguna. En su formato cajita de letras nos brinda de forma organizada el conocimiento de diversas áreas, una estructura de planteamiento, una forma de contar historias, una manera de conservar la memoria y tener bases para hacer crecer las ideas.
En los últimos años leer un libro se ha convertido en un ejercicio muy simple: buscas en internet el formato de tu preferencia: epub, pdf y otros tantos. Lo descargas en tu dispositivo favorito: teléfono, tableta, laptop o computadora, incluso en una pantalla para televisión y listo, a leer.
Estos nuevos formatos son una amenaza para la industria del libro que incluye a quienes hacen papel, tinta, máquinas de impresión, escritores, promotores, editores, editoriales, comercializadores, librerías, bibliotecas y un enorme aparato mundial del negocio llamado libro.
Y aquí entramos a esos complicados planteamientos en que la tecnología transforma las maneras tradicionales y, con ello, se podría perder un sector económico muy importante. Entonces, ¿qué ha hecho la industria del libro en la economía mundial para frenar el imparable embate de la tecnología?
De inicio, parece sospechoso que los índices de lectura en los países con economías estables y cientos de millones de habitantes sean tan bajos y que las instituciones financieras mundiales establezcan que deben elevarse los niveles de lectura y apoyen económicamente esas campañas. Lo cual puede o no repercutir en la gente, pero sí tendrá buenos dividendos en cuanto a los apoyos para la industria del libro.
Nunca antes en la historia el libro ha tenido un sitio tan importante en los productos de consumo. Se terminó aquella época del libro como un sub producto de La Biblia. Tiempos en que un libro era tratado como voz divina, como algo carísimo, difícil, inalcanzable. Los padres de familia no tienen que invertir muchísimo dinero a plazos para comparar una enciclopedia, ahora basta una conexión a internet y un par de clics para acceder a cualquier tipo de conocimiento.
Las librerías son cadenas de negocio exitosos, con agresivas campañas de publicidad, con grandes ganancias y un tipo de libro a la venta: la novedad editorial. Al igual que casi todo en el mundo actual, el libro se rige por aquello que está de moda. Los libros de películas son el top de ventas, los que firman las figuras de cine o televisión, aquellos que dictan la forma de enfocar la realidad noticiosa y, claro, los libro escolares.
El libro vive hoy de dos áreas básicas el libro texto y el libro de moda. Todo lo demás tiene un mercado pequeñísimo, transitorio. Poquísima gente busca una novela, un libro de cuentos o poesía, es un nostálgico modo de leer nada más.
En este contexto el libro sigue viviendo, siguen existiendo editoriales independientes, siguen algunas personas creyendo en la escritura, en compartir su ser a través de las letras. Sin embargo, para tener el tiempo de dedicarse al libro, a la escritura es muy necesario el tiempo y, como todo en la actualidad, tiempo es dinero.
Así que quienes hacen libros con amor y dedicación estarán siempre limitados, ya que mientras no tengas miles de pesos para producir un hermoso libros, tendrás que limitarte a internet, formatos baratos y, por ende, nula distribución.
Al igual que todas las artes, el libro es un objeto precioso que ne debiera convertirse en curiosidad de museo y para que no ocurra lo implicados en su creación debemos inventar nuevas maneras de llegar a la gente. No basta una presentación sentados en un podio con palabras rimbombantes y palabras rebuscadas, no bastan las pancartas y las promociones en redes; necesitamos nuevos formatos de libros, nuevas maneras de llegar a la gente.

Porque como humanos amamos las historias, amamos el conocimiento, sólo necesitamos que algo nos sacuda, nos conmueva y nos haga ver hacia allá.

Ilustración de David Nieto "Josh"